Mi
primera experiencia con la hipnosis ocurrió
en el internado hospitalario de Pre-Grado, de la
Facultad de Medicina. En una docencia, nos visitó
un odontólogo que disertó sobre las
aplicaciones de la Hipnosis y el dolor: para demostrarlo
se valió de un compañero de internado
y lo sometió a un trance hipnótico.
con una aguja hipodérmica le atravesó
la piel del brazo, no se manifestó ninguna
evidencia de dolor, ni siquiera sangró. Esta
demostración no produjo en mí, interés
especial por la Hipnosis. En farmacología
y anestesiología teníamos suficientes
elementos para bloquear el dolor. Mi formación
como médico, egresado de una Facultad eminentemente
científica, siguió el camino objetivo
de la fisiología, de la bioquímica,
de la investigación pura.
Hoy
pasados 44 años, con la experiencia ejerciendo
la medicina integra, puedo valorar en forma precisa
y abarcadora la correlación psicológica,
biológica, social y espiritual del ser humano.
Hoy, estoy convencido de que los médicos
nos dividimos en: a) aquellos con una visión
y práctica integrales de su profesión
y b) otros, poseedores de un enfoque limitado a
una práctica circunscrita y a procedimientos
específicos. Ambos grupos nos apoyamos en
recursos tecnológicos sofisticados; recursos
que son más precisos y también exóticos
y limitados a condiciones económicas especiales.
Al
lado de estos recursos existe una herramienta económica
y accesible a todos. Herramienta que por siglos
utilizaron nuestros antepasados, primero empíricamente
y posteriormente con comprensión más
cercana a lo científico y en los últimos
años estudiada con rigurosos principios de
metodología y tecnología de la investigación
científica: la Hipnosis. Los estudios avanzados
en neurofisiología, en bioquímica
e inmunología han permitido a los investigadores
comprender mejor la relación mente –
cuerpo y la Hipnosis es capaz de ser un modulador
de dicha relación. Durante este proceso pueden
resultar una variedad de fenómenos que ocurren
espontáneamente o en respuesta a un estímulo
verbal o de otra índole.
Estos fenómenos incluyen:
*Alteraciones en el estado consciente y en la memoria.
*Incremento en la susceptibilidad a la sugestión.
*Producción de respuestas e ideas no familiares
a la persona cuando está en su condición
mental normal.
*Cambios en los procesos de relación, percepción
o psicológicos.
En
mi clínica utilizo la Hipnosis como herramienta
de diagnóstico, como anestésico o
coadyuvante de anestesia, como analgésico
y tratamiento en trastornos psicosomáticos
y conductuales.
En
todo paciente tenemos presente que él es
único en sus respuestas a un determinado
problema de salud y qué decir cuando es víctima
de múltiples patologías. Así,
la Historia Clínica debe contener todos los
elementos que permitan acercarnos a su realidad,
y lo mismo el examen físico; pero que ocurre
con la mente de ese enfermo, con sus emociones,
con sus temores, con su stress psicosocial, estas
áreas son un reto, muchas veces el paciente
bloquea consciente o inconscientemente los problemas
que subyacen en su interior y que son frecuentemente
causas básicas de sus trastornos orgánicos;
con la Hipnosis nos acercamos más a la identificación
de estas situaciones, eliminando los sesgos que
la actitud consciente del enfermo nos impone. En
ocasiones tengo cierta dificultad para identificar
la localización o procedencia de un dolor
orgánico y sometiendo al paciente a un trance
hipnótico puedo precisar el origen del dolor.
Al
mirar atrás, siento la nostalgia de la juventud
pero vivo la riqueza de la experiencia y brota en
mi la confianza de que en el ejercicio de mi carrera
profesional he encontrado en la Hipnosis otra llave
que me permite profundizar en los diagnósticos
y en los tratamientos de mis pacientes.